Vivir en pueblos apartados de las grandes ciudades supone ciertas dificultades. A las falencias laborales, sanitarias y educativas, también es difícil encontrar en las localidades alejadas una conexión a Internet, sea fija o móvil. Algo usual y cotidiano para la mayoría de los habitantes de las ciudades. 

Un pueblito en la selva misionera 

Colonia La Flor es parte de la localidad de El Soberbio –se ubica a 40 kilómetros de ella–, un municipio de Misiones que cuenta con 5.000 habitantes y está a 230 kilómetros de Posadas, la capital de la provincia. 

En las cercanías de Colonia La Flor existen 10.000 hectáreas de bosque subtropical virgen, que presenta una vegetación selvática. Viven alrededor de unas 800 familias que incluyen cuatro reservas de pueblos originarios de la etnia Guaraní.

La actividad agrícola es la fuente económica predilecta. Cada chacra cuenta entre 50 y 80 hectáreas, con variadas plantaciones de árboles. Es por ello que los vecinos están muy lejos unos de otros.

Esta configuración territorial es lo que dificulta la instalación de redes de telecomunicaciones. Y, también, la pequeña cantidad de población y el nivel económico de ella no convierten a La Flor en una zona atractiva para las empresas. De hecho, los servicios móviles llegan, pero son señales 3G que quedan atrasadas e insuficientes para el acceso a internet hoy en día. Por otro lado, la abundante vegetación dificulta e interfiere en la transmisión de señales en las conexiones.

El proyecto

Ramón Isidro Cardozo vive en Colonia La Flor. Allí trabaja como portero en la escuela 664. Interesado por el mundo de las telecomunicaciones, quería tener Internet en su hogar y, mediante un enlace inalámbrico que la estatal provincial Marandú Comunicaciones le proveyó, pudo conectar su casa con WiFi. Con sus propias manos armó una antena y la instaló en su casa.

Así, el hogar de Ramón se convirtió en un centro de acceso a Internet para sus vecinos. Y gratis. Muchos pasaron por el lugar para realizar trámites online. Niños que cursaban el colegio recurrían a Ramón para conectarse y buscar información y poder hacer la tarea (una escuela de la zona tiene conexión, pero está limitada al horario de clases). Para ofrecer más apoyo, el portero compró dos impresoras al servicio de quien las necesitara.

De esta manera, los alumnos no tenían que caminar siete kilómetros para tomar un transporte público y hacer otros 40 hasta El Soberbio y utilizar el único cibercafé con Internet en la región. Los habitantes de Colonia La Flor ya tenían un medio para poder navegar por la web. “Siempre fue mi promesa ayudar a los niños. Es algo que es muy difícil de imaginar para quienes viven en la ciudad. Allá hay Internet en todos lados; acá no es así”, explica Ramón.

Pensar en el resto

A pesar de todo, Ramón creyó que lo mejor era llevar Internet desde su hogar a otros, de manera inalámbrica. Es por eso que, a partir de la conexión de Marandú Comunicaciones SE, inventó un sistema de antenas económicas y sencillas hechas de caños de metal, alambres y tensores. La base estaba hecha por tubos de mayor diámetro que los de arriba (se van cortando cada 3 metros y se sueldan). Pueden alcanzar alturas mayores a los 25 metros.

Las personas que requerían de Internet solo debían comprar los materiales que Ramón indicaba y él mismo fabricaba e instalaba las antenas. En algunos casos, Marandú financiaba la compra de los insumos. “Uno se va dando maña. En la ciudad es todo más fácil, si necesitas algo vas y compras. Acá no tenemos eso. Acá tenemos que inventar la solución. Por ahí del primero intento no sale bien, pero el segundo ya va mejorando”, dice Ramón.

 

Para la configuración de los equipos de conexión Ramón se ayudó de tutoriales de YouTube, mientras que utilizó Google Earth con la intención de saber, lo más preciso posible, dónde colocar las antenas. El transporte de los dispositivos es también intricado, puesto que trasladarlos por la selva era complicado. Ramón se maneja en moto, porque muchos caminos estrechos de tierra no eran aptos para vehículos grandes como autos o camionetas. 

Las comunidades originarias

Sin embargo, el sistema que ideó el portero no solo se concretó en hogares, sino que consiguió instalar sus antenas en la zona de las cuatro reservas de guaraníes que habitan en El Soberbio. Como estas comunidades no tienen el dinero suficiente para solventar los gastos, Marandú Comunicaciones SE otorgó el equipamiento sin coste alguno. Para lograr la conectividad, se necesitaba la aprobación de los caciques, porque ellos “se sentían manoseados con estos proyectos; mucha gente le prometió cosas, se sacaron fotos y nunca más volvieron ni les pusieron Internet”, argumentó Ramón. Consiguió la firma de los jefes de los grupos y pudo proveer WiFi a los pueblos originarios. 

El futuro

Desde su deseo y fuerza de trabajo, Ramón Isidro Cardozo consiguió conectar más de 45 hogares. Les proveyó acceso a Internet y permitió mejorar la calidad de vida de los habitantes de Colonia La Flor. Marandú Comunicaciones SE se hizo eco del trabajo hecho y le ofreció convertirse en un Internet Service Provider (ISP), además de ser representante de la empresa en la comunidad donde vive.

 

Un simple portero de un pueblo muy chiquito del interior de Argentina sacó desde adentro suyo la voluntad y la inteligencia con la intención de mejorar la calidad de vida de sus vecinos, ya que contar con acceso a internet es parte de un gran surtido de herramientas que permiten el desarrollo económico y social. Pero no solo les permitió conectarse a una red, sino que también tuvo en cuenta el ambiente donde trabajó: “no es necesario talar árboles o destruir lugares para poner antenas y lograr conectividad”, dice Ramón; solo hay que tener cuidado y paciencia. 

La creatividad de Ramón demuestra la necesidad de apoyo que deberían recibir los innovadores, sobre todo a aquellos que no cuentan con tantos recursos. Después de todo, es cuestión de un empujoncito -como el que dio Marandú- para conseguir un gran impacto social.

El proyecto de Ramón Isidro Cardozo fue presentado con éxito en premios World Summit on the Information Society (WSIS) de 2019, organizados por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

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