La atención sanitaria demanda cada vez más las innovaciones que están viviendo otros sectores. El análisis de los datos ha llegado ya a la gestión del empleo, la lucha contra el cambio de climático, el retail e, incluso, el petróleo. La revolución del Big Data irrumpe ahora en la salud y promete más eficiencia y personalización y un abaratamiento de costes.

Las grandes tecnológicas parecen haberse dado cuenta de su capacidad transformadora y han puesto el foco en el ámbito sanitario:  Google, Microsoft y Apple han solicitado 313 patentes de atención médica desde 2013, según el informe Life Sciences 4.0 de la consultora EY.

Con patentes que abarcan desde la diabetes hasta el Párkinson, pasando por las enfermedades cardiacas, las tecnológicas pisan fuerte en salud y pueden causar una auténtica revolución.

Muchos agentes está pujando por ser el líder de este modelo y el informe de EY asegura que las plataformas que resistan será aquellas que “apoyen la recolección de datos fácil y transparente» y permitan que se compartan.

“Los consumidores están cada vez más cómodos con modelos en los que alquilan un acceso a un producto o servicio, pagan una suscripción o se comprometen a comprar productos en intervalos regulares para conseguir descuentos: ¿por qué no pagar por la salud de esta forma?”, cuestiona el informe.

Las claves del éxito residen en crear una oferta que se alinee con “las necesidades físicas y emocionales del individuo, en vez de obligarle a adoptar soluciones predeterminadas”, afirma el informe.

Se pasará de «un sistema de salud reactivo a un sistema de salud proactivo», según una investigación de CBInsights. En este nuevo sistema, el paciente no acudirá al médico cuando se sienta enfermo, sino que se capturarán datos de forma pasiva mediante distintos dispositivos y será el médico el que «contacte con el paciente cuando detecte alguna anomalía».

El lado B

Expertos sostienen que el avance de las tecnológicas podría derivar en una especie de dictaduras tecnológicas, donde haya unas élites y unas masas que queden excluidas. Es decir, en un modelo donde los datos deciden, se ofrecerían servicios a quien aporte valor y quien no pueda, queda excluido.

John Hancock, una de las aseguradoras más importantes en Norteamérica, anunció recientemente que solo ofrecería un seguro a aquellos con móviles o wearables que registren todas sus actividades físicas: un seguro interactivo. Para 2019, todos los clientes que deseen cobertura médica deberán registrar sus datos a través del dispositivo que prefieran y serán estos datos los que determinen el alcance de su seguro.

La decisión generó muchas críticas, que se preguntaban si el nuevo sistema las empresas seleccionaría a los clientes más rentables y aumentaría el precio a los que considerara menos saludables.

Por otra parte, también existen estudios que afirman que lo digital mejora la salud en sectores con menos poder adquisitivo. En este sentido, países como India o Indonesia son clave para garantizar el éxito de estos modelos, según un informe de Business Insider Intelligence. En estos mercados, las tecnológicas tienen menos competidores y hay una mayor necesidad de soluciones en el ámbito de la salud por la existencia de muchas zonas aisladas y empobrecidas: «una de las ofertas de valor más fuertes de la salud digital es que se puede ofrecer de forma remota con un coste igual o menor», asegura el informe.

Además, el informe resalta que la mayor parte de estas poblaciones cuenta con un dispositivo móvil, lo que es una «base excelente sobre la que lanzar ofertas de salud digital».

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