El mercado global IoT aplicado a la salud tendrá crecimientos anuales del 29,9% en los próximos años hasta alcanzar los US$ 322.200 millones en 2025 según la consultora Meticulous Research.

Las cifras indican que la salud y el IoT caminan juntos con la introducción de dispositivos conectados en áreas como hospitales, residencias para mayores, pero también en los hogares con la asistencia domiciliaria a ancianos. La salud conectada es la simplificación del seguimiento de los pacientes y sus tratamientos desde el hogar hasta el profesional de la salud (telemedicina). También es la comodidad de poder alertar a los familiares cuando sea necesario, lo que permite mantener el ritmo de vida habitual (teleasistencia).

El avance tecnológico empuja a las empresas a desarrollar nuevos dispositivos conectados. Entre los objetos destinados a las personas mayores se encuentran joyas, relojes y vasos conectados, incluso brazaletes de alerta utilizados en la teleasistencia.

Los brazaletes conectados responden al reto de salvar vidas. Para conseguir esto, las nuevas tecnologías han permitido la integración de módulos conectados a la red móvil a través de la tarjeta SIM. De este modo, los datos se transmiten en tiempo real, y los procesos de alerta se preprograman durante el desarrollo de los dispositivos de asistencia. El mantenimiento de estos objetos conectados se simplifica mediante la transmisión remota de datos.

Sin embargo, los profesionales de la teleasistencia pueden enfrentarse a diferentes problemas de conectividad que pueden alterar la efectividad de sus soluciones, como el abandono gradual de la red cableada, la persistencia de zonas sin cobertura, la necesidad de cambiar de un operador a otro en el caso de una interrupción de la red o la multiplicación de las facturas de los operadores de telecomunicaciones locales.

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