Casi de repente todo estalló. Una pandemia cambió el mundo en un trimestre, desbarrancó la economía y puso en jaque la organización de los países. Tiempo de aislamiento social, válido para algunas reflexiones sobre las TIC latinoamericanas.

El cambio de actividades cotidianas -concurrir al trabajo, al colegio, a lugares de esparcimiento, etcétera- puso de relieve la importancia de las TIC para suplir medios de transportes y presencia en las oficinas y escuelas. Videoconferencias, aplicaciones de mensajería, ofimática grupal y compartida son algunas de las herramientas que cobraron nuevo vigor en estos tiempos. El home banking y trámites online, por su parte, se volvieron imprescindibles en varios hogares para que la actividad se asemejara a la normalidad de hace unos meses.

Esta nueva realidad evidencia la imprescindibilidad de las TIC en una sociedad. De hecho, el temor a un colapso de las redes llevó en algunos casos a gobiernos y empresas a generar planes de contingencia para que los servicios continúen en funcionamiento. El estrés en las redes sucede. En efecto, varias empresas digitales bajaron la calidad de los videos que entregaban para sostener el servicio.

Ahora bien, la actual situación también pone de relieve la necesidad de una mayor planificación y coordinación para sacar provecho de las TIC. Varios países apelaron a la teleducación para suplir las clases presenciales y quedaron en evidencia las disparidades de acceso según las regiones. Millones de alumnos carecen de dispositivos de acceso aptos para realizar y entregar las tareas. Muchos planes gubernamentales de entrega de estos dispositivos sufrieron contramarchas cuando cambiaron las administraciones. Muchos docentes también se vieron en el brete de generar contenidos para la ocasión. Se entiende que una foto de una página escrita a mano con los ejercicios que los alumnos deben realizar puede suplir la falta de clases, pero también es desaprovechar la tecnología.

No solo se debe contar con conectividad y dispositivos, sino también con habilidades digitales y aprovechamiento de los recursos. En todos los ámbitos. Por caso, varias páginas gubernamentales de trámites en línea carecieron de los recursos necesarios para dar respuestas a la población en tiempos de cómputo en la nube.

Lo comentado hasta aquí vale para los conectados. Millones de personas en América Latina siguen sin conectarse.

Momento de replanteo

Por el momento, la industria viene respondiendo. Sin embargo, debe existir un replanteo serio del papel que juegan las TIC en las sociedades modernas. Sin redes digitales no hay actividad económica posible en el mundo actual. Y las conexiones son ineludibles para las interacciones humanas.

En estas situaciones de emergencia está claro que las telecomunicaciones son un sector de suma importancia. De repente, para el común de la sociedad se volvieron realidades indispensables para teletrabajo, finanzas y educación digital. Pero no todas las empresas ni todos los empleados saben cómo teletrabajar; los bancos tradicionales vienen a la zaga de las fintech, que a su vez carecen de masividad, mientras que la mayoría de los adultos mayores no saben cómo operar el home banking; existen establecimientos educativos de primer y segundo niveles con docentes incapacitados en lo digital.

El desafío de la industria TIC es enorme. Y más aún los de los gobiernos. Hace años las telecomunicaciones dejaron de ser la niña bonita de los entes recaudadores, aunque las administraciones no toman nota e intentan cerrar cuentas fiscales con licitaciones de espectro. Que son necesarias, por supuesto, pero en el marco de una estrategia digital de país, que incluya pautas claras y sostenibles en el tiempo para el desarrollo e inclusión digital.

Antes de la maldita pandemia el tema TIC predominante era 5G y su universo relacionado: ciudades inteligentes, Internet de las Cosas, analítica y Big Data, entre otros. Y de pronto el temor al colapso de redes. Suena raro. Como si 5G no necesitara de miles de kilómetros de nueva fibra óptica y ordenamientos para millares de diferentes tipos de antenas. Algo está desincronizado, cuanto menos.

También es hora de que la industria TIC en su conjunto dé muestras de una nueva madurez. Amplios sectores se han conectado en los últimos años, pero todavía falta mucho. El juego es a dos puntas: avanzar en innovaciones tecnológicas y nuevos servicios y, a su vez, no dejar relegadas a amplias franjas de la sociedad sin conectividad.

Quienes de una u otra forma participamos de ella entendemos la importancia del sector. Pero seguimos en discusiones endogámicas que no permean hacia el resto de la sociedad. Y lo que es peor, muchos gobiernos tampoco toman nota de la importancia de las TIC.

El doloroso escenario actual pasará. Lo que no se debe dejar pasar es la oportunidad que tiene la industria TIC de América Latina para reposicionarse como un actor clave del desarrollo y la integridad de las sociedades.

 

Este artículo fue escrito por Juan Gnius, editor de Signals IoT, y publicado originalmente el 7 de abril en Digital Policy & Law

 

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